En cada victoria hay una felicidad incompleta. En cada derrota, dos piernas que quizá hubiesen llegado a tiempo, un capitán que tal vez podría haber tenido la fórmula para evitarla. En la grada, una mirada en la que se entremezclan el orgullo y la tristeza y, cada día, un león que trabaja a destajo para colocarse de nuevo el dorsal #18# a sus espaldas, para tirar de este equipo que hoy ha subido de La Catedral al cielo.
Un futbolista que hoy también se hubiese dejado la piel, como lo hizo en El Madrigal hace una década. Bueno, hace nueve años, once meses y equis días… Que hasta el último día de marzo no se cumplirán diez años de las horas de viaje a Villarreal de su cuadrilla y su familia, orgullosos de ver debutar al navarro que lleva el nombre de Andosilla allá donde va, a ese chaval que años atrás rompía cristales por las calles del pueblo con el balón y que no olvidó de dónde venía al saltar a Primera División, y tuvo claro hacia dónde iba… Y siempre con ellos, con los suyos.
Los grandes siempre alcanzan sus sueños, aunque cueste, a pesar de que haya que sacrificarse. Y los sueños traen consigo lágrimas, sufrimiento… Golpes inesperados de los que sacar una lectura positiva e historias que contar a los nietos y tú, majo, ya has empezado el camino.
No descubro nada nuevo al decir que para mí es un orgullo lucir dos de sus camisetas, esas que solo me pongo en partidos especiales por miedo a que se estropeen. Como si eso me fuese a hacer olvidar… ¡Imposible! Que el mismo día que se cumplen diez años de aquel #39# que se estrenó con derrota, se cumplen otros tantos de aquella fotografía en el periódico junto a Aduriz… La misma con la que esa chavala de 17 años supo que algo iba a cambiar, ¡y mira si ha cambiado! ¿Rebobinamos y nos reímos un rato?
Mejor mirar hacia delante… Sé que un día, dentro de unos cuantos cientos de ellos, estaré en San Mamés aplaudiendo al Gurpegui futbolista por última vez, que no habrá diez años más de taquilla ocupada en el vestuario, de ruedas de prensa ni concentraciones, pero lo que importa ahora es el presente. Y en él Carlos Gurpegui aún tiene mucho que decir, de decirlo en el campo, que es donde deben hablar los futbolistas.
Ojalá en mayo le veamos levantar la Copa, un trofeo agridulce porque en esta competición a él no le han sacado tarjetas, no le han hecho faltas, no le ha protestado a la cara al árbitro, pero tampoco ha perdido el tiempo… Ha animado como un aficionado más, ha acompañado al equipo y ha sacado fuerza en momentos de flaqueza que, aunque ahora se hayan olvidado, también los ha habido.
Son diez años de orgullo, que perdurarán siempre porque detrás de un equipaje del Athletic, de unas botas, de unas entrevistas y de unas fotografías firmadas, hay una persona de esas ante las que uno debería quitarse el sombrero. Lo escribía unas frases más arriba, Gurpe no ha perdido el tiempo. Prepara su regreso y recibirá la ovación que se merece una persona que se ha dejado nariz, rodilla, cabeza, muñeca,tobillo y hasta el alma en cada partido que ha jugado para que su equipo se alzase con la victoria. Y una vez más, tu vuelta será mi regalo de cumpleaños.
“Es como el juego de hundir la flota, cuando te van tocando y tocando hasta que te quieren hundir, pero todavía tienen que jugar mucho para hundirme”
Beti zurekin #18#
(Escrito el 15.03.2012)






