Gurpe, una década

En cada victoria hay una felicidad incompleta. En cada derrota, dos piernas que quizá hubiesen llegado a tiempo, un capitán que tal vez podría haber tenido la fórmula para evitarla. En la grada, una mirada en la que se entremezclan el orgullo y la tristeza y, cada día, un león que trabaja a destajo para colocarse de nuevo el dorsal #18# a sus espaldas, para tirar de este equipo que hoy ha subido de La Catedral al cielo.

Un futbolista que hoy también se hubiese dejado la piel, como lo hizo en El Madrigal hace una década. Bueno, hace nueve años, once meses y equis días… Que hasta el último día de marzo no se cumplirán diez años de las horas de viaje a Villarreal de su cuadrilla y su familia, orgullosos de ver debutar al navarro que lleva el nombre de Andosilla allá donde va, a ese chaval que años atrás rompía cristales por las calles del pueblo con el balón y que no olvidó de dónde venía al saltar a Primera División, y tuvo claro hacia dónde iba… Y siempre con ellos, con los suyos.

Los grandes siempre alcanzan sus sueños, aunque cueste, a pesar de que haya que sacrificarse. Y los sueños traen consigo lágrimas, sufrimiento… Golpes inesperados de los que sacar una lectura positiva e historias que contar a los nietos y tú, majo, ya has empezado el camino.

No descubro nada nuevo al decir que para mí es un orgullo lucir dos de sus camisetas, esas que solo me pongo en partidos especiales por miedo a que se estropeen. Como si eso me fuese a hacer olvidar… ¡Imposible! Que el mismo día que se cumplen diez años de aquel #39# que se estrenó con derrota, se cumplen otros tantos de aquella fotografía en el periódico junto a Aduriz… La misma con la que esa chavala de 17 años supo que algo iba a cambiar, ¡y mira si ha cambiado! ¿Rebobinamos y nos reímos un rato?

Mejor mirar hacia delante… Sé que un día, dentro de unos cuantos cientos de ellos, estaré en San Mamés aplaudiendo al Gurpegui futbolista por última vez, que no habrá diez años más de taquilla ocupada en el vestuario, de ruedas de prensa ni concentraciones, pero lo que importa ahora es el presente. Y en él Carlos Gurpegui aún tiene mucho que decir, de decirlo en el campo, que es donde deben hablar los futbolistas.

Ojalá en mayo le veamos levantar la Copa, un trofeo agridulce porque en esta competición a él no le han sacado tarjetas, no le han hecho faltas, no le ha protestado a la cara al árbitro, pero tampoco ha perdido el tiempo… Ha animado como un aficionado más, ha acompañado al equipo y ha sacado fuerza en momentos de flaqueza que, aunque ahora se hayan olvidado, también los ha habido.

Son diez años de orgullo, que perdurarán siempre porque detrás de un equipaje del Athletic, de unas botas, de unas entrevistas y de unas fotografías firmadas, hay una persona de esas ante las que uno debería quitarse el sombrero. Lo escribía unas frases más arriba, Gurpe no ha perdido el tiempo. Prepara su regreso y recibirá la ovación que se merece una persona que se ha dejado nariz, rodilla, cabeza, muñeca,tobillo y hasta el alma en cada partido que ha jugado para que su equipo se alzase con la victoria. Y una vez más, tu vuelta será mi regalo de cumpleaños.

“Es como el juego de hundir la flota, cuando te van tocando y tocando hasta que te quieren hundir, pero todavía tienen que jugar mucho para hundirme”

Beti zurekin #18#

 

(Escrito el 15.03.2012)

Eres perfecto para otros

Dentro de lo difícil que resulta entender ciertas actitudes, hay una que nunca he logrado comprender: por qué somos reticentes a donar sangre o donar nuestros órganos una vez muertos. Vale, es todo nuestro, papá y mamá los “crearon” y somos demasiado egoístas como para desprendernos de algo sin recibir lucro alguno.

Bueno, yo lo siento, pero me excluyo del saco. A mí, cuando me muera, que me quiten hasta las pestañas, que una vez me quemen, no van a servir más que para ser polvo. Y tampoco están las cosas como para ensuciar o como para ser la reliquia de decoro de un salón. Esto último que no se le ocurra a mi familia, por favor. A mí que me dejen volar en libertad allá donde ya he elegido.

Pero volvamos al tema. No es que espere que haya colas de dos horas en los autobuses de donación, como si acudiésemos al concierto de la estrella del momento, pero tampoco que entre una persona cada hora. Por cuestiones que no vienen al caso, yo no puedo donar hoy por hoy, aunque espero poder hacerlo cuando pueda y no cuando vea en la televisión de Metro Madrid los avisos urgentes de la sangre que se necesita en la Comunidad o cuando los medios de comunicación de donde toque avisen de que las reservas se están quedando vacías.

Nunca sabremos si nuestra sangre se llegó a utilizar, ni por las venas de quién corre. Del mismo modo, tampoco sabremos si, en caso de que un familiar nuestro sufra un terrible accidente y su vida dependa en parte de sangre ajena, se salvará gracias a que un día acudimos a donar. ¿Pero no se siente uno mejor pensando que quizá haya salvado una o varias vidas?

¿Y los órganos? Por creencias, hay quienes son contrarios a que rajen a su familiar ya fallecido y le saquen todo lo extraíble. ¿Pero de qué le sirve si ya no respira? Y si eso de la otra vida existe, será su alma o lo que sea, lo que se vaya a otra persona, pero no su hígado, su piel o su riñón. El cadáver va a permanecer igual. Bueno, igual no, que el tiempo pasa para los vivos y para los muertos.

Ojo, que también está la opción de donarlo a la ciencia, lo que me parece muy laudable. Si no fuese por las numerosas personas que deciden que su cuerpo pase a formar parte de una universidad, muchos de los médicos de hoy en día y de los futuros puede que pusieran en riesgo nuestras vidas por no haber practicado con un cadáver humano.

En mi opinión, tanto esta última como la donación de órganos me parecen opciones a tener en cuenta y a correr la voz entre nuestros familiares por si nos sucede algo -toco madera- o firmar los papeles que haya que firmar. Puede que, una vez en el asunto, los médicos digan que nada de lo nuestro sirve, pero cabe también la posibilidad de que, de un solo cuerpo, varias personas sigan viviendo. ¿Acaso no es bonito? Por eso, la campaña que Mediaset y la Organización Nacional de Trasplantes han lanzado me parece una gran idea. Lástima que haya que recurrir a este tipo de campañas para sensibilizarnos y que no lo hagamos por nosotros mismos. Porque, si hoy es San Valentín, día de los enamorados, de quienes han encontrado su media naranja, ¿quién nos puede negar que no existe otra media naranja a la que poder salvar la vida o que nos la pueda salvar a nosotros?

http://www.eresperfectoparaotros.com/

Categories: Reflexionando | Tags: , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Más que una familia

Parece que el clima ha decidido no acompañar a la celebración del Athletic. Segunda final de Copa en tres años, en una temporada en la que, como ocurre con todo lo nuevo, muchos fuimos los que quisimos darle una ligera patada en el trasero a Bielsa y mandarle allá donde fuese, pero lejos. Y ahora no es que sea Dios, que con él hay varios pares de piernas que también son “culpables” de la euforia rojiblanca, pero no todos nos acordamos de aquellos tristes partidos.

Es lo que tiene el Athletic, aunque supongo que como cualquier otro equipo. Se le odia con la misma intensidad con la que se le quiere. Un día se llora de impotencia, de ver cómo los resultados no acompañan y, otras, se llora de alegría, de ver cómo los sueños, poco a poco, se cumplen. Lástima que aún sea pronto para sacar la gabarra, que vive a la espera de un nuevo viaje por esa ría que antaño fue verde y que ahora luce distinto. ¿Se reconocerán la una a la otra? Ya se verá, lo primero es lograr la oportunidad de pintarla bonita.

De momento, tras la resaca de alegría de anoche, Bilbao ha amanecido bajo copos de nieve. Hace frío, llueve, nieva… Una estampa lógica en invierno, donde la humedad cala hasta los huesos, pero no lo suficiente como para congelar nuestros sueños. Estamos en la final, a la espera de saber quién será nuestro contrincante y, aunque hay quien ya ha anunciado que saldrá la gabarra, toca continuar trabajando para hacerlo factible.

Pudimos con la revelación de la presente edición de la Copa, que cayó de pie como si de pupilos del mejor Athletic se tratara. Luchar hasta el final, esa es nuestra filosofía. Esa fue la idea bajo la que jugó el Mirandés. Salió a ganar, a reivindicar que el pez txiki también puede comerse al grande, a pesar de que no pudo ser. Y aún viendo cómo aumentaba la diferencia en el marcador, no bajó los brazos ni escondió los pies. Pero Valencia o Barça son cantares mayores. Los catalanes nos mandaron de vuelta aBilbao en segunda posición que, oye, nosotros lo celebramos por todo lo alto. Parecíamos campeones siendo los súbditos. Pero para nosotros, que a humildad no nos ganan aunque la fama bilbaína no acompañe, fue un triunfo. Una victoria de la unión de la grada y de los jugadores, hasta del “boinas” que te rompe la entrada. Eso es una familia, con disputas, en la que todos saben qué hacer y rara vez se ponen de acuerdo, en la que se felicitan cuando la vida pinta bonito y en la que se abrazan con fuerza cuando llegan males mayores. La familia rojiblanca. Nuestra familia.

 

 

Categories: Entre pelotas | Tags: , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

A noventa largos minutos de un sueño

“¡Qué grande!”, son las dos palabras que más repetí anoche. Orgullo rojiblanco y orgullo por el equipo revelación de esta Copa del Rey, el Mirandés. Cómo ha crecido este Athletic en el que poco confiábamos al principio de temporada. De Marcos… Excepcional. Javi Martínez, allá donde juegue, se luce. Los jóvenes vienen pisando fuerte y, los veteranos, deleitándonos con su experiencia, como el paradón que realizó Iraizoz que frenó las ansias de victoria de los burgaleses.

Se cometen errores, claro, no dejan de ser once personas jugando a fútbol. Pero qué bien lo están haciendo. Y qué gran partido el de ayer, ante un Mirandés que no se amilanó, que no teme a los de Primera, que nos enseña que los “grandes” deben olvidarse de mirarles por encima del hombro.

Sueño con otra final y con quedarme afónica animando. Quiero gritar “bakalao” como lo hice ayer, como cuando Toquero nos permitió soñar en Mestalla. Pero ayer nos demostraron que no nos lo pondrán fácil. Nada de bajar la guardia hasta que el árbitro pite el final, que los jugadores mirandeses ya han advertido de que pelean cada segundo por llegar al final de este sueño. La verdad, se lo merecen. Lo merecen no por ser humildes, sino porque nos han hecho creer que todavía existe fútbol sin importar los millones, que, mientras se tenga ilusión, todo vale.

Estamos a noventa minutos de la final pero, ojo, no nos confiemos. San Mamés rugirá el martes como lo hizo hace dos años ante el Sevilla y hay que enviar fuerza a los leones que salten al césped a defender lo suyo. Allá vamos. Con presión, con fuerza… Podemos soñar.

Pero para mí, en este sueño falta alguien… El capitán, que tiene que verlo desde la grada y celebrar las victorias como un aficionado más. Gritando sin ser escuchado, mordiéndose las uñas, celebrando cada gol sin abrazarse a sus compañeros, restando los segundos que quedan para terminar el partido, animando a los suyos sin poder llevar el balón en sus pies… Maldita rodilla la suya. Por una razón u otra, siempre se pierde lo bonito, pero nunca pierde la carga de lo malo que lleva a sus espaldas. Vuelve capitán, recupérate pronto pero sobre todo hazlo bien, porque este sueño debe terminar contigo levantando la Copa del Rey.

Categories: Entre pelotas | Tags: , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Te dejo Madrid…

Dejé de sentirla mía tal vez porque me obligué a quererla. Fue una relación de amor-odio, de esas autodestructivas que empiezas con la mayor de las ilusiones. Desde las alturas la veía lo suficientemente bonita como para quererla casi cien días, mientras que, a veces, con los pies en el suelo, entendía por qué había sido uno de los sueños de mi adolescencia, al tiempo que contaba los días para regresar al verde.

Puede que fuese por la manera en la que llegué a ella la razón por la que nunca nos entendimos. No fue ella, fui yo, aunque incluso en sus días más grises encontré algún motivo para quererla. Hasta que dejé de hacerlo.¿La razón? La distancia. La real y la imaginaria. Media hora por aquí, una hora por allá. Ponme una de transbordos, que yo me enchufo los cascos, busco un periódico y ya llegaré a mi destino. Con prisa, que es la ciudad que no da los buenos días y en la que el que llegue el primero, se lleva el premio. Fue darme cuenta de que había cerrado un capítulo de mi vida, añorar el verde y no superar el agobio del asfalto. Pero sobre todo fue la mañana del primer día de 2012.

Aterricé en un momento en el que necesitaba escapar. Me quedé porque necesitaba huir. Vuelvo porque necesito ser feliz. Renuncio al libre albedrío y, hasta que se produzca una vuelta de hoja, recobro las incesantes preguntas y mi negación a que conozcan más de lo que yo quiera contar. O sea, conocimiento cero. Pero lo necesito. Lo mío con la ciudad que nunca duerme fue un matrimonio exprés, de esos de pura conveniencia en los que al final terminas encariñándote con tu cónyuge. Pero siempre he creído que el amor no dura eternamente. No lo he visto a mi alrededor y yo no voy a creer a pies juntillas en algo que no he visto. Esta es otra prueba más de mi forma de pensar. También se ha roto.

Pero los más de doscientos días que viví en ella se vienen conmigo. No entrarán en la maleta y puede que, con el paso del tiempo, muchos de ellos se evaporen, pero Madrid era una experiencia que tenía que vivir. Tengo tan claro que no me arrepiento de haber recalado en ella como ahora tengo claro que vuelvo a casa.

Aquí superé miedos que creí que nunca iba a superar. No llegué a ir a un entrenamiento del Madrid, pero me acerqué a su autobús. Vi Madrid desde diferentes perspectivas, pero no superé la inseguridad que me crean las atracciones, aunque a punto estuve de pasar el torno. Pisé el Kilómetro Cero y sentí que empezaba de nuevo. Pero hay cosas que vienen conmigo allá donde voy… No conocí El Rastro pero me adentré en Lavapiés. Visité lugares típicos y me perdí entres callejuelas que quizá ni siquiera salgan en mapas. Hice largos recorridos en autobús solo por conocer lugares que tampoco era necesario conocer. Me he perdido muchas veces, pero siempre he terminado encontrándome.

He compartido ricos cafés, cenas y comidas y hay mojitos que se quedaron sin hacer. Me he despedido en Atocha después de una tarde de hindú y arte y he sentido que solo era un ‘hasta luego’, una bonita amistad que perdurará más allá de la distancia. ¡Eres tan grande! He encontrado piedras que me alegro de haber saltado, me enamoré de un Nacional con el que estoy segura de que nunca me volví a cruzar y estuve en ministerios en los que no creí que llegase a entrar. El verano fue una experiencia que no exprimí al máximo, pero de cada día aprendí una lección. Y, sobre todo, conocí a gente que me alegraron los días.

Así es la vida… Capítulos que terminan, capítulos que empiezan… Dicen que a la tercera va la vencida, y esta es la tercera vez ya… Ahora toca llenar maletas de meses de bártulos. He querido borrar de mi mente la imagen que me hizo tomar la decisión pero, si aquello no hubiese sucedido, aún intentaría estirar este matrimonio venido a menos, pensando que, algún día, de repente, tendría solución. Pero cuando empecé a contar los días que faltaban para recorrer 400 kilómetros, cuando volver empezó a doler, me di cuenta de que algo no iba bien…  No importa en qué momento me cansé, eso es pasado. Lo importante es que decidí apretar el botón de Reset, con sus consecuencias, recomenzar de nuevo y sentir que he tomado la decisión acertada porque, hoy por hoy, es lo que me hace feliz.

“Mientras quede algo de mí ningún lugar me está prohibido, empecé a escuchar la voz de mis latidos…Todo está en volver a querer, todo es empezar…” http://www.youtube.com/watch?v=DVuFSDKH-S8

Categories: Con lápiz y papel | Tags: , , , , , , | Deja un comentario

Pasemos la tarde en Urgencias

Todo apuntaba a que, después de siete meses en Madrid, iba a conseguir dejar atrás la ciudad sin conocer su sistema sanitario. Craso error. Esta semana, dos veces, ¡y ha sido todo una aventura! Claro, aquí una, que es considerada por la SS como “desplazada” no había pedido médico. ¿Para qué? ¿Quién piensa que va a ponerse enferm@? Hasta que un día, pumba, caes en las redes malignas y, después de días de dolores, decides visitar a una de esas personas con bata blanca.

Y es ahí donde empieza la aventura. ¿A cuál voy? Vamos a preguntarle a Dios, o sea, a Google. Exactamente a Google maps. Pongo mi dirección y en ‘Lugares de interés’ escribo ambulatorio. Pues sí que hay, sí, sí. Busco los más cercanos, me visto y pruebo suerte. “Hola… No soy de aquí pero llevo días enferma y no tengo médico… ¿Aquí tenéis servicio de urgencias?”. Su respuesta: “Si necesitas la píldora del día después sí, si no, no”. Pues empezamos bien. Carlitos aún no se está formando en mis adentros, aunque si los dolores que tenían hubiesen sido provocados por un bebé, doy fe de que tendría dentro de mí al futuro Bota de Oro.

La señora, que no comenzó con buen pie, recapacita, me explica tres veces cómo debo llegar al siguiente ambulatorio y hasta me dibuja un mapa. A ver, que estoy enferma, pero no soy gilipollas. Llego y me encuentro con un señor al que le han pedido una UVI móvil para llevarle a casa y el personal de la ambulancia se queja de que está sin monitorizar y sin no sé qué cosas más. Pues nada… cruzaré los dedos. Cuento la que ha sido mi vida en los tres últimos días, me atiende la enfermera, la doctora y vuelvo a casa. Reposo y pastillas.

Al día siguiente me levanto igual no, peor. Y ahora sí que sí, me voy a Urgencias. A las de hospital. Ni sé por dónde entrar ni en qué cola debo ponerme. Pregunto, me aclaran, me toman los datos y, media hora después, un médico me pregunta qué me sucede para pasarle el informe al médico que, definitivamente, me atenderá. Le cuento mi vida, voy a la sala de espera. Móviles que suenan, gente hablando a gritos… Por momentos me siento en el mercadillo y pienso que en cualquier instante alguien gritará que le quitan los analgésicos de las manos, que nos demos prisa en comprarlos.

Intento contar los enfermos y sus acompañantes y, no terminé de hacerlo, pero contabilicé más familiares que pacientes. A ver, la señora de enfrente se ha traído todo un ejército de defensa: siete adultos, dos niñas y un bebé. Uno de ellos ha decidido ocupar cinco asientos para echar la siesta, que son las cuatro de la tarde y hay que respetar las costumbres españolas. ¡Toma ya! La de al lado viene con seis y, subiendo las escaleras, tenemos otra enferma con otros seis familiares que, a lo largo de la tarde, se convertirán en nueve, y aprovecharán el único enchufe visible para cargar sus iphone.

A mí me parece muy bien que Sanidad advierta de que Urgencias es eso, Urgencias, que la gripe se pasa con calor y antibiótico y esa parte del hospital está para casos graves, como un brazo colgando, pero deberían intentar profundizar en la idea de que no toda la familia debe ir al hospital cuando uno está enfermo. ¡Y menos hablar a gritos! Pero oye, que con la tontería me enteré de que la de al lado tiene una relación difícil con su padre y que ya no aguanta más. Que él le ha preguntado si no podía haber pedido antes el permiso para salir del trabajo y de que no piensa quedarse ni una sola noche con él en el hospital. Pues bien. También hay un enfermo al que quieren descartarle la gripe A y una anciana que se ha quedado sola esperando a una ambulancia porque su cuidadora tenía que marcharse a las tres, y bastante que se ha quedado quince minutos más. No es que me interesara saberlo, pero al menos me ayudaron a tener una jornada amena.

Y ahí pasé el mediodía y la tarde y por poco y ceno allí. Dos horas y media esperé hasta que me atendió un médico. Una hora esperé para unos análisis, hora y media para una radiografía y otra hora para los resultados… Entre tanto, dos personas pusieron una queja al hospital mientras yo cruzaba los dedos para llegar a tiempo a casa, que a las ocho se jugaba el Athletic el pase a semifinal y, mira, que una está a 400 kilómetros de Bilbao, pero el amor por su equipo no entiende de distancia.

Llegué a mi sofá diez minutos antes de que el árbitro pitara el inicio del encuentro, empastillada y con los resultados de unos análisis que no comprendía. ¿Qué es todo eso? ¿Por qué parece que hablen en clave? Pero al menos sabiendo que de esa no me moría, que todo pasaría con las pastillas y con reposo. Dicho y hecho. Dos días después, aunque no recuperada, sí estoy mucho mejor. Salí de ahí alabando la paciencia que debe tener el personal sanitario porque, mientras los mandamases no recortan sus sueldos, los médicos, enfermeros, auxiliares y demás ven aumentar los enfermos a los que atender, jugando con la salud de los pacientes.

Lo malo, que me quedó la pregunta de si soy mejor persona por no haber fletado un jet privado para que mi familia me hiciese compañía. Qué mejor manera de pasar la tarde que en una sala con calefacción, comida y bebida previo pago, la música de los móviles y en la que hacer amistades. ¡Si esto es como una discoteca! Y, con un poco de mala suerte, se puede hasta ligar. Eso sí, con un algún virus desconocido, de ahí lo de mala suerte… Porque nadie querrá irse con más de lo que vino. Vamos, yo me alegré de marcharme con lo puesto y a tiempo para ver el fútbol.

Categories: Con lápiz y papel | Tags: , , , , , , , | Deja un comentario

“Pero todavía tienen que jugar mucho para hundirme…” #18#

Si alguien me enseñó a ser fuerte fue él. Lo hizo hace nueve años, poco días después de que cruzáramos unas pocas palabras, unas semanas después de esa fotografía que viaja conmigo allá donde voy. ¡Cómo pasa el tiempo!

Llega diciembre. Mes de frío, de Navidad, de ilusiones, de reencuentros. De recuerdos amargos. De una rueda de prensa en la que aguantó las lágrimas mientras el resto de sus compañeros le arropaban. Del cariño que recibió desde el primer día, que si hubiese premios, él se llevaría el galardón al más querido.

Pero también de las hostias que no supo esquivar. ¿Y alguien le vio tirar la toalla, alzar la voz, o entrar en una tanda de acusaciones? Nadie. Nueve años después, no he descubierto aún de dónde saca esa fortaleza que le mantiene en pie en sus peores momentos, qué tiene que le hace diferente a los demás.

Se ha roto el ligamento, la nariz y han intentado romperle su sueño. Pero él, para arriba siempre, hacia adelante siempre, que caminar hacia atrás es de cobardes y a él, a valiente, no le ganan. Ni a terco. Que si dicen tres, son dos y, si dicen ocho meses, serán siete. Lo advirtió una vez, “todavía tienen que jugar mucho para hundirme”.

Y este barco no se hunde. Siempre a flote. Ni fiebres ni infecciones, que esto solo es una piedra más en el camino. Una piedra que saltar y una motivación más grande para recuperarse cuanto antes porque sin balón no sabe estar y en las convocatorias no puede faltar.

Ha llegado diciembre y, como solo se debe mirar hacia adelante, este diciembre es de primeras navidades, de primer Olentzero y primeros Reyes Magos. Que aunque ella aún no sea consciente, es su nuevo motor y la quieren, seguro, más que a su vida.

Categories: Entre pelotas | Tags: , , , , , , , , , | Deja un comentario

Con el turrón bajo el brazo

Cuatro años de carrera, un máster y un trabajo como promotora de turrones. O lo que es lo mismo, cinco años invertidos para terminar ofreciendo trozos de turrón en un supermercado. Lo mejor, si la ironía me lo permite, que en esta oferta hacen cola otros tantos ex universitarios y ex masterianos. ¿Este es el trabajo del que Rajoy hablaba en su precampaña?

¡Encima me preguntan si me parece difícil! Pues mira, me he visto en medio de enfrentamientos entre estudiantes abertzales y beltzas (los ertzainas antidisturbios), a mí y a otros dos compañeros a punto estuvo de agredirnos la familia de un detenido por la muerte de un joven, he buscado noticias debajo de las piedras, he tenido que lidiar con los enfados de los clientes de Movistar cuando vendía móviles y perdí la cuenta de las puertas que me cerraron cuando era comercial a puerta fría.

¿Si considero que es difícil coger un cuchillo, partir una tableta de turrón en varios trozos, colocarlos en una bandeja y ofrecérselos -con la mejor de mis sonrisas- a personas deseosas de comer algo por la patilla? Uf, lo mismo no estoy capacitada, así que quien vaya a adueñarse de la cartera de Educación debería plantearse introducir una nueva carrera universitaria: Diplomatura en Turronero.

¿Lo peor? Que tampoco me puedo quejar porque es dinero, que del aire no se vive. Bastante que la Navidad ha llegado con el turrón bajo el brazo y que tengo la suerte de salirme del saco de los cinco millones de parados. Eso sí, el 1 de enero, y con Rajoy ya como Presidente, regreso a la oscuridad. A ver cuánto tardo en salir y en qué condiciones lo hago.

Categories: Con lápiz y papel | Tags: , , , , , , , , , , | Deja un comentario

¡De Barakaldo, jolín!

Nací en Barakaldo en 1985. Cuando se escribía con C y la Herriko Plaza estaba presidida por ‘La rana’, Beurko aún no sufría de aluminosis y las chimeneas de Altos Hornos y Sefanitro todavía echaban humo. En ese año surgió también la banda de rock Parabellum y la localidad fabril superaba los 100.000 habitantes. Javier Clemente se alzaba en lo más alto de la elite del fútbol después de ganar dos ligas y una Copa del Rey con el Athletic en 1983 y 1984. El Barakaldo C.F. jugaba más o menos donde ahora se asienta el polideportivo de Lasesarre y ya militaba en la Segunda División B. El actual bidegorri no era más que un camino de barro cuando llovía, la ribera donde se asienta Megapark era un conjunto de huertas y caseríos, y el gasolino que unía Barakaldo y Erandio vivía su máximo esplendor.

Desde que cumplí un año vivo en el barrio de Bagatza -antes lo hice en Lutxana, enfrente de Sefanitro-, aunque hasta los 11 pasé los mejores momentos de mi infancia en el barrio de San Vicente, donde estudiaba. Rontegi lo pisé poco, solo para acompañar a ama a la oficina del INEM, Arteagabeitia era para mí la casa de aitite y amama, Retuerto era sinónimo de barracas en las fiestas de El Carmen y, Gorostiza y El Regato, el colofón del curso escolar. ¡Verano! Piscinas, merendolas, pantano…

De aquel Barakaldo que recuerdo poco queda ya. Lo que se conserva en las historias de nuestros padres y de nuestros abuelos, en las hemerotecas, en los libros del gran Carlos Ibáñez . Cuando era pequeña me gustaba leer sus publicaciones. Así conocí la existencia del Puente del Diablo y aprendí que Alonsotegi formó parte de Barakaldo y el ayuntamiento no siempre estuvo en ese punto, entre otras muchas historias. Después crecí queriendo “poco”, por no decir odiando, Barakaldo. Por feo, por no ser un lugar turístico, por las trifulcas las noches de los sábados. Con el tiempo me he ido familiarizando con él y, aunque continúe sin ser un enclave turístico ni santo de mi devoción, me gusta conocer sus entresijos porque me he criado en sus calles. Forma parte de mí.

Y ahora que vivo a casi 400 kilómetros de distancia, lo echo de menos. Añoro Zaballa, centro de reunión de los barakaldeses para potear y tomar pintxos. Los Jamones, el Mendi, y un largo etcétera de una calle custodiada, en su confluencia con Nafarroa, por la escultura de un cartero. Echo de menos el camino de vuelta a casa en una fría tarde de otoño y oler, metros antes de llegar al Parque de Los Hermanos, las castañas y los churros.

También echo en falta monumentos que no volverán, como el kiosko de La Rana, en la Herriko Plaza, o personajes emblemáticos como la señora que vendía caramelos en ese mismo lugar y en el que yo aprendí a andar. O a Carlos Ibáñez, al que ya he mencionado, que tantos cambios se perdió y tantas historias del futuro Barakaldo quedan por escribir. Pero allá donde vaya, haya lo que haya y falte lo que falte, Barakaldo viene conmigo.

“Si vas a Barakaldo, barakaldesa, llévame la maleta que poco pesa” http://www.youtube.com/watch?v=BbfZqUbazTo

Categories: Con lápiz y papel | Tags: , , , , , , , , , | Deja un comentario

Pequeñas reflexiones de baño

“Nunca te voy a olvidar”, “X e Y siempre amigas”. Son solo algunas de las frases que se leen en las puertas y paredes de los baños. Algo que siempre me ha llamado la atención, aunque más lo hacen quienes escriben números de teléfono.

¿De verdad serán ninfómanas? ¿Será cierto que les mide equis centímetros? O que nunca encontraron el amor o una amistad verdadera y aspiran a localizarlo en un lugar de paso como ese. En realidad, para mí tiene otra explicación. Son ex parejas o ex amigos despechados que quieren jugarle una broma de mal gusto a alguien que les hizo daño.

Poneos en situación. Suena vuestro teléfono, no conocéis el número, pero contestáis. Y casi sin daros tiempo a preguntar quién es, os sueltan un “¿Cuánto cobras?”. ¿¿¿¿Perdona???? La cara que se os tiene que quedar en ese momento debe ser digna de exponer en el Museo del Terror. Y la cara de “tierra, trágame” del valiente que ha llamado, ídem. Nunca me ha pasado y nunca he tenido tentaciones de llamar, aunque puede que algún día lo haga para comprobar si el mensaje que acompaña al número es cierto o no.

Pero pongámonos un poco románticos. Quieres tanto a una persona que ese sentimiento te hace plasmarlo en la pared de un cuarto de baño de una estación de autobuses.En Lerma, por ejemplo. Lo pongo como ejemplo porque es el que conozco. O el de la estación de Abando, en Bilbao. ¿Una prueba de que durará forever and ever?

Volvamos al pueblo burgalés, lugar de paso para cientos de personas cada día. Uno de ellos tiene una columna donde es difícil encontrar un hueco en blanco para plasmar para la posteridad un nuevo mensaje. Desde la chica que se iba un mes a La India a un campo de trabajo hasta Brigitte, que quería mucho a su familia. ¿Será por si en un futuro enferman de Alzheimer la razón por la que lo grabaron?

También están las parejas optimistas. Novecientos kilómetros de distancia y un año separados no podrán con un amor tan fuerte como el de Vaca y Vosesilla. ¿Y qué decir de las reflexiones? “En mi vida algo mejor empieza cuando algo termina”, “Superaré lo de Pablo y volveré a ser feliz”, “La fortuna llega sola, solo hay que saber esperarla”. Venga, que levante la mano el que nunca se ha sentido identificado al leer alguna de esas frases. Yo la levanto, sin duda. Como también lo hago al reconocer que yo también pintorrojeé algunas paredes.

Una de ellas fue en París, hace más de una década, cerca de la Torre Eiffel. ¿Qué? Con quince años todo el mundo piensa que el amor va a ser para siempre y más si está en una ciudad como París, santo y seña del amigo Cupido. París es el icono del amor, de ahí parten las cigüeñas… La culpa es de las películas, no mía.

Y la otra… Pues no hace tanto. Me dejé llevar por las decenas de mensajes que ya había y pensé que, por uno más, tampoco iba a pasar nada. ¿La razón que me llevó a escribir? Alguien había escrito una frase que me recordaba a esa persona y yo quise dejar un recuerdo. No sé, ese día escribía eso y quién sabe lo que pensaría si lo viese seis meses después. De momento no he cambiado de idea. Y escrito en esa columna es como si nada fuese a cambiar… Nunca…

Que está mal pintar el mobiliario… Pues sí, pero uno nunca sabe cuándo pueden ayudarle esas pequeñas ideas estampadas en los baños públicos. Así que a todos los “artistas” que tengan reflexiones que compartir… ¡Continuad! Que siempre habrá alguien que os lo agradezca.

Categories: Reflexionando | Tags: , , , , , , , | Deja un comentario

Blog de WordPress.com. Tema Adventure Journal by Contexture International.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 127 seguidores