¡Feliz 33 cumpleaños GorriÓn!

ImagenHace unos cuantos 13 de mayo a estas horas me enteraba de que el dueño de ese trozo de plata al que ayer por la tarde daba besos pidiendo que, por favor, ganáramos, se había mudado. Muy lejos, allá donde no se le puede reprochar nada, donde no se le puede odiar, donde no existen explicaciones. A las nubes, bajo tierra, al infinito.

Hace muchos más 13 de mayo, nació la persona que una mañana de sábado me llevó en su destartalado coche a ese rincón en el que al anterior le dejo flores. Donde hablo y sólo me responde el viento. Era la primera vez que volvía desde aquel último domingo que le vi.

Pero sobre todo hoy, un 13 de mayo, nació alguien a quien guardo especial cariño. De eso hace 33 años. Él puso diversión a algún que otro aburrido partido de fútbol. Más allá de esa final, sí. Y con sus bromas, mi paciencia al límite. Que me dijo verdades como puños que arregló con un “María, jodida, con el cariño que te tengo”. Un personaje que, debajo de esa voz ronca y ese aire gamberro, es de las personas más sentidas que me he encontrado. He compartido días con personas que me han aportado poco y, en cambio, puedo contar las horas que he pasado con él y es asombroso el cariño que le tengo.

Hoy, en su día, puedo desearle felicidad, alegría, amor, trabajo… Muchos deseos positivos, pero sólo le desearé uno: que la palabra cáncer se haya ido tan sumamente lejos que no encuentre el camino para volver a él. Que si un día al cáncer se le ocurre llamar de nuevo a su puerta, se lo piense dos veces. Ya le plantó cara una vez y le venció. Porque los enclenques también tienen fuerza suficiente como para echar al cáncer de su cuerpo. Claro que sí, con dos cojones. Y volvería a ganar. Pero vida, nunca vuelvas a ponerle a prueba, por favor.

Jodido, con y por el cariño que te tengo, cuídate. ¡Feliz cumpleaños!

¡Arde Lasesarre, ale Barakaldo!

ImagenCaímos y se pidieron cabezas. Levantamos el vuelo y soñamos. Las mismas piernas que fallaban son las que han remontado. Sólo él sabe qué pensaba sentado en el banquillo de Guarnizo, cabizbajo y reflexivo. Llamado a ser el Pichichi del equipo, sus pies han vuelto a golpear con fuerza y precisión el balón. El equipo, con cuerpo, cabeza y corazón, ha resurgido de una clasificación que apenas unos meses atrás mirábamos asustados. Hacia dónde nos llevarán es un misterio. Que nos dirijan allá donde quieran, pero sigamos caminando juntos.

Que las voces gualdinegras continúen escuchándose más allá de la euforia, que a la cima se llega desde abajo. Qué fácil sería caer en ella, sin esfuerzo y con humos de vencedor y qué poco extraeríamos de ello. Somos humildes, sabemos de dónde venimos y conocemos nuestros límites. Nos forjamos entre caídas, ascensos y descensos, y continuamos mirando alto. Puede que al final el play-off sólo sea un dulce sueño. Es una posibilidad. Pero si eso ocurre, en nosotros permanecerá el orgullo de poder reconocer que fuimos débiles, pero nos hicimos fuertes.

Baraka ataka!!!

¡Súmate a la marea gualdinegra!

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Que nunca se silencie tu risa

ImagenEntre el vaso lleno y el vaso vacío, la mejor opción es reír hasta que te duela la mandíbula. Reírte de la vida, de las desgracias, de los miles de amigos que no buscas y que encontrarás, del negro futuro, de los pueblos perdidos y hasta de las calorías de los cereales. Al fin y al cabo, la risa es el mayor enemigo de las lágrimas y uno de los mejores sonidos que puedes escuchar y que debes recordar. Pase lo que pase, ¡ríe!

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Su vibrador, gracias

ImagenConsoladores, condones, vibradores, lubricantes, esposas… ¿Que te entra un calentón a las tres de la tarde -o a las tres de la mañana- y no hay quien te baje la temperatura? ¿Que necesitas protección para evitar víruses, embarazos, bacterias y ETS varias? ¿Quieres experimentar algo diferente? Ya no hace falta ir al sex-shop. Si te da vergüenza que la vecina del quinto o la abuela cotilla de es@ amig@ tuy@ te vea, no hay por qué preocuparse. A pie de calle tienes la solución. Y no, no es ponerle ojitos a la primera persona que pase. Me refiero a las máquinas de vending.

Vale, hay más ojos ajenos posibles en un vending que en la entrada de un sex-shop, y como te pille cerca de casa, hasta tu madre te puede preguntar si tienes gula de gusanitos. Verás, mamá, eh… gusano, conejo… ¿Qué decías? ¡Me ha tragado la moneda! ¡Maldita sea! ¡Así no hay quien f….! ¡Esto parece Euskadi!

A lo que iba, que lo mismo encuentras un vibrador que un paquete de rufinos. ¿Responden a una necesidad o crean el deseo? ¿Los ponen cerca del chocolate por si un@ no moja? Ya se sabe, cuentan que el chocolate es el sustituto del sexo… ¿Ah, que por eso ahora te estás comiendo un kit-kat?¿Y los precios? ¡Esto son precios anticrisis! Venga, que por este artículo en un sex-shop cobran el doble.

El colmo es encontrarte bragas. Sí, bragas. A pie de calle no las he visto, pero sí en los baños de algunos bares. ¿Alguna ha salido sin ropa interior y ha cogido frío en el bajo? ¿Las quiere para el día siguiente? ¿Las ha perdido? Que alguien me lo explique, porque yo siempre recuerdo dónde dejo mi ropa interior. ¿Y por qué no venden calzoncillos de urgencia? ¿Porque los mismos les duran más de un día puestos? ¿Porque no les importa pillársela con los vaqueros? ¿Por qué?

Pero busquemos las pegas del vending erótico, que alguna tiene. Me acerco con mi primo pequeño a comprarle lo que sea -gominolas, palomitas, gusanitos, frutos secos…- y me señala que quiere lo que está en el compartimento ABD, o lo que viene a ser lo mismo, un anillo vibrador. Pues va a ser que no… ¿Cómo le explico yo que eso no es para alguien de su edad?

Aún así, tanta modernez me parece útil y recomendable si quieres olvidarte de la sorpresa que sale del huevo kinder nueve meses después. Pero, sobre todo, si no quieres que bichos, bacterias y enfermedades se cuelen en tu orgásmica fiesta. Lo ajeno, lejos.  

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Todo irá bien gorrión

Imagen Maldito cangrejo que te atrapa  con sus pinzas y a veces no te suelta. Te toma en un afán de posesión, como si fueras suyo. Y a ti se te paraliza la rutina y comienza entonces un nuevo objetivo: deshacerte de él con armas que secundariamente te destruyen.

Aquella tarde en la que vi la palabra ‘fuerza’ al lado de tu imagen, supe que algo no iba bien. Que no se trataba de unos meses. Ya intuía que sería una lucha larga. Y aunque la tuya, dentro de lo que cabe, va mejor de lo previsto, es una pelea diaria. David contra Goliat.

Vas a ganar. Estoy convencida. Tengo miedo de que un día la respuesta sea negativa, ¡pero tengo tanta seguridad en tu victoria! Tanta como la convicción de que, si fuese necesario, por mi parte tendrías más que palabras de ánimo.

Soy así. Hay personas a las que les presto mi hombro y otras que me llegan tan adentro que sus problemas me afectan. ¡Me gustaría tanto darte un abrazo! Te advierto una cosa: descansa, respira hondo y toma fuerza, porque la pelea continúa. Aunque sea larga, prepárate, porque el día en el que el médico te diga que tú, que eres un enclenque, te has soltado de las pinzas de ese cangrejo… Vas a hacer una de las cosas que tan poco te gustan. Llorar. Pero de felicidad.

¡Todo irá bien gorrión!

PD: Por ti y por esas personas, anónimas o conocidas, que luchan cada día. Fuerza y ánimo.

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El bálsamo del cariño

ImagenDiez años. Un ictus cerebral y un tratamiento en Santiago de Compostela. Probabilidades de curación. Altas, muy altas. Un 95%. Se llama Garikoitz. Vive en Barakaldo y hoy ha visto cómo el equipo de su pueblo le rendía un sentido homenaje.

Un homenaje a un niño que sueña con correr, con golpear el balón como alguno de sus ídolos. Que hoy era la viva imagen de la felicidad. Nervioso, sonriente, correteando en el pasillo formado por los jugadores del Barakaldo y del Tudelano, recibía algunos de los detalles que diferentes deportistas, clubes, entidades y empresas han tenido con él. Desde el equipo contrario de esta jornada hasta el Barça, pasando por ciclistas, atletas, árbitros, futbolistas, restaurantes, Celta de Vigo, Sporting de Gijón, Athletic Club, Rayo Vallecano, Getafe, Bacalao Eguino, Qi Spa… Son tantos que me dejo alguno.

Algo que empezó siendo un detalle de casa se ha convertido en un gran gesto de rostros anónimos y populares. Tal vez por empatía, porque al final ninguno estamos exentos de enfermedades. Puede ser tu hermano, tu hijo, tu nieto, tu sobrino, tu madre, tu padre… Puede que un día nos toque a nosotros. No podemos evitarlo. Quizá por los tiempos que corren y de los que nadie está a salvo. Por el motivo que sea, hay algo indudable: Garikoitz, cuando sea un anciano, recordará este día como uno de los más especiales de su vida. No por los regalos en sí, sino porque personas que no le conocían se volcaron en ayudarle.

“Sé fuerte, como nosotros, ¿vale?”. Más de uno se lo habrá dicho, pero esas palabras pronunciadas por Andoitz Galdós para mí valen mucho. Tienen tanto valor porque ni siquiera hace dos meses que Galdós se hizo un poco más fuerte a costa de perder al 50% de quien hizo posible que él naciera. Su aita. Y él tiene reciente la fuerza que transmite el cariño.

Hace unos días lo comentaba con un amigo que de recibir cariño sabe demasiado. ¿De verdad sirven las palabras de desconocidos, el apoyo de quienes de puertas para adentro no tienen ni idea de cómo te encuentras? Siempre, eso nunca se olvida, me respondía. Y en más de un mal momento pueden ser tu bálsamo. Hoy el Barakaldo ha sido su bálsamo pero, sobre todo, lo será quien dio el primer paso para crear esta cadena de apoyo, generosidad y solidaridad. ¡Fuerza Garikoitz!

Imágenes tomadas del vídeo realizado por Bideon Producciones.

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Soy porque nosotros somos… ¡Equipo!

ImagenA mí nadie me dijo que llegaría el día en el que le desearía suerte y ahora compartimos un objetivo común. La vida da muchas, infinitas vueltas. Pero lo importante es que uno no deje de creer en sí mismo. Por muy abajo que esté, por muchas derrotas que acumule, por muchas patadas que reciba. Llegaste hasta ahí y en el camino se quedaron compañeros tuyos de cuando jugabas en el colegio, en el instituto, en el equipo del pueblo… Con algunos coincides en partidos, defendiendo diferentes colores o quizá los mismos. Otros, en cambio, juegan pachangas con los amigos, e incluso alguno ha llegado a jugar en Primera División, a disputar finales de Europa League, de Champions…

Esté donde esté, la felicidad reside en disfrutar con lo que se hace. No todos los que están arriba son buenos ni todos los que están abajo son menos buenos. Llegues donde llegues, memoriza esto: Nunca dejes de creer en ti. Esfuérzate, trabaja, mejora, insiste, persiste. No olvides que luces esa camiseta porque tú has demostrado que deben confiar en ti. Alguien te hizo caso y vio la confianza que emanabas, ese algo que te diferencia del resto de opciones barajadas, de aquellos a los que no ficharon. Y cuando te calces las botas, disfruta.

Sé ese niño que olvidaba los deberes para darle patadas al balón, que no le importaba mojarse con tal de jugar, que imitaba a sus ídolos. Seguro que soñaste con levantar un trofeo y rompiste algún cristal, ¿a que sí? Tus compañeros también están ahí porque consideran el fútbol un modo de vida. Haced piña, debatid, conversad. Apoyaos. Un equipo se ve en los pequeños detalles. En ese jugador que se revuelve nervioso en el palco o en el banquillo, en el que anima a su compañero a pesar de que comparten posición, en el que vestido de calle se acerca al vestuario a dar ánimos, en el que intenta tranquilizar, en el delantero que apoya a los defensas, en los defensas que buscan el gol, en los hermanos twitteros… Equipo. Uno marca el gol, pero antes ha habido una jugada. El portero encaja un gol, pero antes hubo jugadores que intentaron evitar que los contrarios llegaran a portería. En el fútbol deben cometerse errores, sino carecería de emoción.

El primer paso para conseguir una victoria es convencerse de que se va a lograr. Puedes pensar que es psicología de mercadillo, pero mantener una actitud positiva es fundamental. Que se callen los inseguros y pesimistas. Que se calle el entrenador si solo se acuerda de sus muertos y no potencia la victoria. Si no arriesga. Un entrenador debe creer, confiar y respetar a su equipo. Ser la voz del optimismo. Dirigir sin temor, sin dudas. Y si se pierde, aprende. Tienes una semana para no repetir los mismos errores. Recuerda que los obstáculos son oportunidades para crecer. Complementa la virtud que te falta con la que le sobra a tu compañero. Y ahora, retrocede… Cuando eras pequeño, ¿dónde te hubiese gustado llegar? ¿Cómo imaginabas tu juego? ¿Y cómo decías que afrontarías las derrotas?

Sueña. Recupera la ilusión de ese niño. Y si no levantas un trofeo, no te preocupes. El mejor trofeo es el que se escucha: el aplauso de tu afición.

“Hoy tienen ustedes dos familias. La que está ahí fuera y la que han formado entre ustedes durante las últimas semanas. Los de ahí fuera hicieron viajes larguísimos porque los quieren, porque creen en ustedes. Ellos son los únicos que nunca les han perdido la fe. Nadie piensa que ustedes puedan ganar este partido, pero ellos sí. Salgan a ganar por ellos, pero también por su segunda familia, por esta, por su equipo” (El sueño de Iván)  

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El descaro del gorrión

ImagenLe conocí apoyado en una pared que pronto formará parte de la historia. Hacía frío, ya había anochecido. Quizá fuese sábado, tal vez domingo. Hablaba sin parar, gesticulaba sin pestañear y, cuando su pie derecho dejó de tocar la pared, empezó a moverse cual lagartija huidiza.

De voz ronca, quebradiza, pronuncia palabras a veces inteligibles, fuma sin parar y rara vez te deja terminar las frases. Engaña con su apariencia de roca y te seduce su corazón tan noble. Pero no le recuerdes que le viste llorar. Ni lo cuentes. Si lo haces, sus ojos te atraviesan, aunque te salva después con una sonrisa que anuncia haber roto numerosas vajillas y que, a veces, acompaña de un abrazo.

La primera vez que vi cómo se humedecía su mirada intentábamos adivinar el nombre de esas hormiguitas de colores que veíamos en un campo donde reinaba el blanco. Ahí supe que era todo fachada. Que la voz grave y rasgada formaba parte de esa apariencia que se encargaba de potenciar. Animaba a ese hermano con el que no comparte sangre, pero comparte vida.

Coincidimos de nuevo un día antes de mi cumpleaños. Sonaba ‘We will rock you’ y volvió a llorar. Ofrecía cervezas casi como quien grita en la playa que tiene barquillos en un lugar donde el alcohol no podía pasar el torno. Qué avispado el chico este.

Nació el día en el que me enteré de una de las noticias más tristes que he recibido. Testarudo, descarado y cabezota, de fuerte carácter, no piensa lo que dice y dice lo que piensa. Se deja el alma defendiendo a los suyos y es capaz de ofrecerte su regalo con tal de verte feliz. Como lo hizo unos años más tarde, días después de mi cumpleaños y el mismo en el que a él había que enrojecerle las orejas. Parece mentira que en un cuerpo tan escuchimizado pueda tener cabida un corazón tan grande.

Qué decir de aquella jornada de primavera, donde compartían espacio la felicidad y el nerviosismo. De ese césped, de la bandera que aún tiene su “hermano” y de las monedas que guardé como si valiesen millones. De la compañía. De lo que no sé si llegó a ser vox populi. ¡Qué más da! Donde una fotografía impresa no me dejaría cruzar la puerta, pero manos amigas lograron ese valioso papel que me permitió vivir un sueño que, sin embargo, no fue perfecto. Ambos echamos en falta a alguien.

Volvimos a encontrarnos en más ocasiones. La última vez, de nuevo, me hacía un año más mayor. Los dos esperábamos el mismo regalo, pero un tercero decidió hacernos esperar. Él se marchó. Yo pensé en seguirle, no lo hice. Después, entre broma y broma, concluyó que había madurado aderezándolo con un piropo y, como había hecho en varias ocasiones, repitió “Ey, que esta chica es periodista”. Sí, pero aún me sobra tinta, tengo sobredosis de miedo y me falta valor para escribir los capítulos de vuestras vidas. Y entonces salió su hermano de vida, triste, resignado y enfadado y, sin hablar, se fundieron en un abrazo. Intenso, sin palabras, ¿acaso después de más de tres décadas necesitaban hablar? Bastaba con estar ahí, caminando el uno al lado del otro. Uña y carne. Zipi y Zape. Siempre juntos.

La magia de mantener la ilusión

ImagenHuele a invierno. A castañas asadas, a churros, a chocolate caliente… ¿Sientes los pies mojados, el corazón helado y las manos resquebrajadas? Es tiempo de esconderse entre la bufanda y el gorro, de escalofríos, de disfrutar con la nieve y de cambiar el calor del sol por el abrigo de la calefacción. Tiempo de lluvia, de escondernos bajo el edredón, de rozarnos con los paraguas, de buscar color a los días grises y apagados. De que nos duela la nariz. Se acercan las luces navideñas, las cabalgatas, la Navidad. La ilusión de esos niños que creen que basta con escribir una carta para ver cumplidos sus deseos. Esos locos bajitos que aún creen en la magia y cuyos rostros de felicidad y sorpresa nos inundan a los adultos de alegría y nos hacen desear no haber crecido… Pero qué frío hace en nuestro particular mundo de mayores. 

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¡Barakaldo nunca se rinde!

ImagenTe descubrí siendo pequeña, en tu viejo campo, donde presencié un amistoso entre mi primer amor -el Athletic- y un equipo brasileño cuyo nombre no recuerdo. No me fascinaste, pero me apenó después que derribaran tu vieja morada, aquel césped que llegó a verte jugar en Segunda.

En realidad, no fue hasta los 27 años cuando advertí tu encanto. Unas cartulinas, la cercanía y la ilusión mantenida en unas fechas en las que te jugabas el regreso a Segunda B. Cuentan quienes te conocen que has sido grande, que te has levantado tras muchas caídas. Me hablan de jugadores que no conozco, de partidos que no viví y, por eso, prefiero centrarme solo en tu presente.

Un presente en el que los más pesimistas temen verte metido en un pozo del que no sepas salir. Piden cambios y critican decisiones al tiempo que pienso en lo fácil que es ver y hablar de lo malo. Yo, en cambio, pido confianza y calma. Pero, sobre todo, actitud y optimismo. Yo que he hecho del optimismo mi política de vida, lo he logrado tras muchos traspiés y demasiados malos momentos. Pero gracias a ellos, cada vez que me vuelvo a enfrentar a uno, siempre surge una fuerza que me empuja a tirar hacia arriba. Y una mano amiga que me impulsa.

Yo me comprometo a ser tu mano para levantarte, a cambio de que tus chicos se convenzan de que los tres puntos pueden ser suyos. Se ponga el partido como se ponga. Que obtengan reflexiones de la soledad en el banquillo tras el pitido final, de los portazos, de los enfados… Que saquen la rabia acumulada sin dejar de creer nunca en la victoria.

Sé que la teoría es muy fácil de aprobar con sobresaliente, pero que la práctica puede ser de cinco raspado. Sin embargo, la actitud es fundamental. Tampoco te voy a engañar. Desde hace dos semanas, causas en mí sentimientos contradictorios, y eso que es difícil que salga enfadada de un campo de fútbol. Mi memoria pez me hace olvidar al poco de terminar el encuentro. Provocas rabia tras cada pitido final pero, sobre todo, la provocas con las ocasiones falladas. Y a la vez, mantengo la tranquilidad, porque conservo la confianza en que, mientras haya un próximo partido, se podrán cambiar los resultados futuros. No la pierdo porque veo la rabia en los jugadores, los gritos de ánimo de unos a otros, y los de desaprobación cuando alguno se siente abandonado en una jugada. A ellos les duele como a los que nos abrigamos y nos desplazamos a campos contrarios para verles jugar.

Trabajo hay, somos el tercer equipo menos goleado de nuestro grupo, lo que refleja que poseemos una defensa fuerte. Falta gol y es cierto que, si nosotros fallamos y los demás marcan, iremos descendiendo puestos. Lógica matemática. Pero confío plenamente en los delanteros y estoy convencida de que serán capaces de darle la vuelta. Ahora no se trata de que cada aficionado que acude a Lasesarre demuestre sus dotes como entrenador. ¡Hay tantas opiniones y todas tan dispersas! En estos momentos la clave es caminar juntos, como cuando vivimos el play-off. Se trata de recuperar esa ilusión. ¿Que los resultados y el juego no contribuyen? Chic@s, somos aficionados y en nuestro deber como tal está el de proyectar la misma fe que los jugadores proyectaron en nosotros la temporada pasada. Dejaos de críticas y apoyar al equipo.

Echando números, y si logramos recuperar la dinámica de ganar, tendremos posibilidades de ascender. Pero para mí esa no es la meta. Lo importante es hacer piña y afianzarse en la categoría. Los grandes objetivos se logran con el trabajo diario. No puedes pretender construir la cima de un edificio sin haber afianzado su base. Es bonito creer que por ganar cuatro partidos seguidos podemos ascender, pero se corre el riesgo de alarmarse por no haber ganado en seis. Preocupa, pero la seguridad es la clave. Y es más importante el apoyo cuando las fuerzas flaquean que cuando todo es jauja.

A mí mi padre no me enseñó a ser del Barakaldo. Mis abuelos no me hablaron de tardes en Lasesarre. Del Barakaldo he aprendido a ser yo sola. Y sí, de un equipo que el año pasado estaba en Tercera y que ahora milita en Segunda B. A mí también me sorprende, pero me gusta por la cercanía que transmite, lejos de una categoría cada vez más infectada de los intereses del Real Madrid y del Barcelona, donde pesan más las informaciones que publican los medios de comunicación que el fútbol que se juega. A veces es mejor ser invisible para los medios que convertirse en su objetivo. De esta forma, uno se puede centrar en lo que debe hacer: jugar a fútbol.

En solo cinco meses he disfrutado en Lasesarre, en viajes, colocando cartulinas, preparando equipajes, repartiendo bollos el Día del Txiki… Son pequeños detalles que me permiten sentirme dentro de una familia. Y en parte, las ganas de pertenecer a ella la tienen los jugadores de la anterior temporada, que fueron quienes me enseñaron a disfrutar de este club. Los que continúan y aquellos que ya no están, como Garcés, Etxabe, Txutxi, Txemi, Rubén Espinosa… Por supuesto, también las nuevas incorporaciones, como Aguiar, Orbegozo, Medina, Méndez, Aitor, Montoya, Perico… y las personas que he conocido y que me han recibido con los brazos abiertos tanto en las gradas como en mi día a día.

Por ello, a los jugadores solo os pido que el próximo domingo salgáis con calma, sin miedo y con confianza. Y pase lo que pase durante los noventa minutos, solo un pensamiento: ganar. Los tres puntos van a llegar. Y que nadie olvide que el fútbol es un deporte donde la afición también toma parte. Por eso, yo voy a caminar contigo Barakaldo.

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Blog de WordPress.com. Tema Adventure Journal por Contexture International.

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